jueves, 30 de junio de 2011

EXPEDIENTE: LAVÍN INFANTE, J.J. (O como se inventa un ministro)

EXPEDIENTE: LAVÍN INFANTE, J.J.
(O como se inventa un ministro)
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LASD/Santiago, Junio 2011

I.- UN PREÁMBULO Y VARIAS INTERROGANTES.

Hacer un perfil de un personaje como el actual ministro de educación, Joaquín Lavín, es una tarea en extremo difícil. No por su complejidad sino por su simplicidad. En literatura se le suele denomina personaje plano, sin relieve. Es decir, alguien que no evoluciona, que no cambia, que siempre está igual. No presenta complicaciones sicológicas ni honduras de índole metafísica. El lector  (o espectador) nunca encuentra problema alguno para comprenderlo, el hombre es como es, y no hay más.

Por otra parte, no es una persona que se distinga por sus grandes ideas, ni por sus visiones estratégicas destinadas al engrandecimiento del país. En su imagen pública ha demostrado que carece de pensamientos profundos en materias de cierta trascendencia. A menudo se expresa con frases cortas, repetitivas y con un cierto tono de falsa familiaridad. Jamás se le podría catalogar como un orador. En cuestiones (temas) de naturaleza valórica sus argumentos están determinados y/o condicionados por una ideología simplista, ultra conservadora y antidemocrática como la del Opus Dei. Del cual es un alto dignatario (1). Si su entorno no pusiera tanto énfasis en proyectarlo en la esfera política, no pasaría de ser un tipo más del montón.

En su desempeño como ministro de educación se ha distinguido (aunque aparezca como una contradicción) en varios aspectos. Por su profundo desconocimiento de los temas educacionales. En una somera comparación este personaje debe ser uno de los ministros más mediocres (en una cartera ministerial donde son pocos los que se salvan de este calificativo). En síntesis, es un hombre que puede ser habiloso, pero no es un tipo que puede ser considerado como inteligente. La estrategia comunicacional que se ha montado para subsanar (es decir, ocultar) sus limitaciones es muy parecida a la que se ha implementado para Sebastián Piñera. Es decir, estar permanentemente (a lo menos una vez por semana) frente a las cámaras de TV haciendo anuncios (no importa cuales) o realizando acciones (no importa qué ni importa dónde). Por lo general,  sin mayor trascendencia para la educación y el país. En el fondo, el truco es hacer y decir algo lo más seguido posible y así aparecer en los medios de comunicación y si es posible en la TV.

Los ejes de esta estrategia comunicacional (y/o de imagen), se manifiestan en dos planos distintos. El primero en la (mala) utilización de instrumentos técnicos pedagógicos ya establecidos: las pruebas SIMCE, las cuales tienen un claro propósito educacional. Sin embargo, el actual ministro las ha utilizado para desacreditar al sistema de educación pública, para vilipendiar (gratuitamente) a los profesores y maestros, con el propósito de crear las condiciones y abrir un camino para la (definitiva) privatización del sistema educacional chileno. En esta perspectiva, hay que entender y analizar las pruebas SIMCE de Educación, de Idioma Inglés, de Educación Física; y últimamente, el de la Educación Técnica. El segundo en la utilización de elementos que no tienen otra finalidad que ser iniciativas propagandísticas. En este plano se inscriben las historiadas iniciativas de “poner semáforos” en la educación pública, las estampillas de no se qué cosa, y el oneroso e inútil  Contrato de Honor con los padres y apoderados. Dejando de lado todo aspecto anecdótico e insistiendo en un aspecto que es más evidente, nada de estas acciones persigue algún propósito educacional, tampoco son hechos que vengan a solucionar los problemas de fondo de la educación, a superar la negra experiencia de la municipalización, o combatir los denodados esfuerzos por la  privatización y lucro en la educación chilena.  Nada de eso.

En el fondo, lo que subyace en toda esta estrategia comunicacional y de imagen, es que no importa si lo que se dice y/o lo que se hace sea correcto o pertinente. Ese no es el tema. El punto es que hay que aparecer en los medios de comunicación a como de lugar. Por lo demás, es el nuevo estilo de hacer política instalado por la nueva coalición  en el gobierno.

En este plano, hay que destacar un nuevo y muy importante rasgo de la personalidad del personaje: su inconsecuencia. Cada vez que ha ocurrido algún incidente en alguna escuela, el señor ministro ha concurrido a ella para desarrollar su discurso de imagen. En este plano,  no ha tenido inconveniente en recorrer el país visitando a estudiantes lastimados, a padres o apoderados o familiares  de  alumnos víctimas de la violencia escolar, etc. Todo esto está bien, es parte de su estrategia. Pero ¿y la consecuencia? La relación entre lo que se dice y lo que se hace, ¿dónde queda? Y esta característica del señor ministro no es cosa menor, como veremos a continuación.

Lo anterior suscita preguntas inevitables:

Primero, estamos hablando de educación. Estamos hablando de hechos relacionados con la formación de los jóvenes. Estamos hablando de valores de convivencia, de respeto por el ser humano. Estamos hablando de ética, de principios, de honestidad. Y aquí es necesario detenerse en dos hechos (no son los únicos, pero si los más relevantes por sus repercusiones en la sociedad), en dos temas que debieron haber sido centrales para cualquier persona que ostentara una investidura ministerial. En primer lugar, los acontecimientos ocurrido al interior de la Congregación de las Ursulinas. ¿Por qué el señor ministro no acudió —como es su costumbre— a visitar a las víctimas (una del Colegio de Maipú y otra de la sede de Vitacura)? O bien, ¿por qué razón el señor ministro nunca (salvo error u omisión) ha expresado su público rechazo, su condena por las acciones de “conductas impropias” de Sor Paula? ¿Por qué el señor ministro no se ha hecho parte en la petición de extradición de este personaje?

En segundo lugar, y lo que es más grave (por cuanto alude al ser mismo de la Iglesia Católica) ¿por qué nunca se ha pronunciado en contra los luctuosos sucesos acaecidos en parroquia de Las Condes? ¿Por qué nunca se ha atrevido a condenar (públicamente) a un abusador sexual y de conciencia como Fernando Karadima? ¿Por qué nunca se ha referido (y menos recibido en audiencia, como es su costumbre) a las víctimas de aquellos abusos? ¿A caso por la similitud que existe entre Karadima y Escrivá de Balaguer? ¿Entre La Obra y el proyecto que este párroco pretendía desarrollar en Chile? Nos preguntamos si su silencio ¿no corresponde a un acto de “notable abandono de deberes”, de responsabilidades? ¿Es que existe alguna diferencia entre unas víctimas y otras?

Segundo, un tema que no sabemos si es de carácter represivo o es de carácter valórico, pero que tiene que ver con los sucesos sociales desatados a fines del mes de Mayo. ¿Por qué el señor ministro no ha cuestionado la desvergonzada actitud del ministro del interior en el asunto de las bombas lacrimógenas? ¿Por qué  no se pronunció (con su prontitud y celo habitual) sobre los efectos abortivos de estos aparatos? ¿Acaso desconoce que la Iglesia Católica —y connotados dirigentes de la UDI—han condenado el uso y la distribución de la píldora del día después por ser (supuestamente) abortiva? ¿Por qué no se pronunció con la misma prontitud frente a esa acusación? ¿Por qué no se pronunció sobre el show montado por Hinzpeter para desvirtuar dicha acusación, cuando no podía ser más absurda y mentirosa? ¿Por qué no se insistió sobre la realización de un estudio serio y profesional de esos artilugios represivos, para despejar cualquier duda al respecto? No ocurrió nada de lo anterior. Y de esa forma las bombas lacrimógenas —por obra y gracia del espíritu santo—dejaron de ser abortivas. Pero NO la mentada píldora, que luego de años de estudios y análisis clínicos realizados por instituciones y profesionales serios, han demostrado que NO es abortiva. Hay más preguntas sobre este punto, pero quedarán como tarea para la casa.

Tercero, ¿por que el señor ministro no se ha declarado incompetente en el desempeño de su cargo cuando es uno de los propietarios de la Universidad del Desarrollo? Al parecer no ha oído hablar de los principios portalianos en el desempeño de la cosa pública? ¿Cómo puede —con toda honestidad—ser juez y parte de un tema como el financiamiento de las universidades estatales si él es parte del mundo de la educación privada? ¿Dónde estará la ecuanimidad para resolver un tema de esa naturaleza? ¿Por qué no se ha inhabilitado como haría cualquier funcionario con verdadero sentido de servicio público?

Cuarto (versión oficial. Propagada por los medios de comunicación, que cuentan una historia muy conveniente para la imagen del ministro). Después del episodio que le tocó vivir en el Centro Cultural Gabriela Mistral, el señor Lavín fue emplazado (Funa) por un grupo de universitarios que gritaban consignas en su contra y le exigían su renuncia, cuando intentaba salir de un foro organizado por el Mineduc y el Instituto Libertad y Desarrollo, fue entonces cuando, de acuerdo a algunas versiones oficiales, recibió algunos golpes en la cabeza y empujones que lo habrían  hecho caer al piso para luego salir raudamente del lugar. Ante lo cual, luego exclamó:

“Si piensan que con esto me van a asustar, en absoluto.  Yo tengo que cumplir una misión como ministro de Educación…”.
Más tarde, redondeó su muy particular versión diciendo con enorme seguridad (hay que reconocer que el hombre se cree verdaderamente el cuento) y entereza:
“En realidad no caí al suelo, estuve cerca de caer, no recibí mayores golpes, hubo personas que me ayudaron, que me sujetaron y me permitieron salir en ese momento y se los agradezco, pero la verdad es que, más allá de eso, la agresión en sí misma es repudiable y yo lamento mucho que estudiantes hayan elegido esa vía”.
Entonces, en qué quedamos: ¿hubo o no hubo agresión de parte de los estudiantes?
Cuarto (versión no oficial. Esta cuenta una historia muy distinta, un video delataría a los verdaderos culpables). Los hechos sucedieron cuando Joaquín Lavín, acudió al Centro Cultural Gabriela Mistral, a una ceremonia en que se conmemoraban los 30 años de la reforma de la Educación Superior que dio inicio al proceso de privatización de las universidades en Chile.  Este acto era organizado por Libertad y Desarrollo, centro de estudios dependiente del Partido Unión Democrática Independiente UDI.  Ese día (07 de Junio) casi cien estudiantes de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) increparon verbalmente al ministro por lo que los guardias del lugar acudieron a auxiliar a Lavín para eludir a los estudiantes y poder retirarse del recinto rápidamente.
De inmediato, los sucesos fueron calificados como “agresión” por parte de los medios televisivos. Sin embargo, y gracias a un video puesto en Youtube, se puede apreciar claramente y sin lugar a dudas quién es el agresor de Joaquín Lavín. Esas imágenes valen por mil palabras. Pero en la mente de los lectores y/o espectadores quedaron grabadas estas palabras: “Lamento  que haya personas que de repente están en la mesa de diálogo y de repente están formando parte de estas agresiones.
¿Tanto es el afán por aparecer en los medios de comunicación que no duda un segundo en alterar la verdad y decir que ha sido agredido por los estudiantes universitarios, cuando la verdad es que fue golpeado por uno de sus guardias personales (ver video)? ¿A caso para no perder la oportunidad de sacar dividendos políticos de una situación que se le estaban dando gratis? ¿Dónde están los bullados principios éticos y morales que dice representar? ¿O es que Opus Dei practica una versión distinta de ellos? ¿Qué es lo que lo lleva a cometer estas “malas prácticas”?

En este último evento afloró un nuevo rasgo en la personalidad de Joaquín Lavín. En la declaración a los medios de comunicación dijo lo siguiente: Yo tengo que cumplir una misión. No un trabajo, no una tarea, no una obligación, ni siquiera una responsabilidad: una misión. ¿Pero cuál es su misión si se puede saber? ¿Lo que hace, lo que dice, lo que no se atreve a declarar? ¿Cuál es  su misión? Esto es interesante de aclarar, por cuanto aparece un rasgo mesiánico que no estaba contemplado en su perfil político. En todo caso, es toda una novedad. No se porqué nos recordó la anécdota de Pablo Longueira hablando con los muertos (Jaime Guzmán). Puede que no tenga nada que ver, pero nos hizo evocar ese hecho. El hombre es como es, y no hay más.

II.- UNA VERDAD… Y SUS TRÁGICAS  CONSECUENCIAS
Una fecha: 07 de Junio de 2011. Un titular periodístico: “(…) Ministro de educación recibió informe detallando problemática situación”. Un tema: “(…) Lavín habría sido alertado de crisis en colegio donde menor se suicidó por bullying”. Una conclusión inevitable: ¿Olvido u omisión inexcusable?
Los hechos:
“Tras la muerte de Jonathan Valenzuela (15) se han conocido nuevos datos de la situación de la escuela donde el menor estudiaba, antes de quitarse la vida. El envío de un informe que sistematizaba la extrema crisis que vivía el Liceo Politécnico de Linares figuraba entre las carpetas del ministro Lavín desde marzo. Algo que olvidó de mencionar cuando dio declaraciones a la prensa por el caso”.
La violencia escolar huele mal, muy mal:
“Las medidas que anunció la semana pasada el Ministro Joaquín Lavín para el Liceo Politécnico de Linares llegan tarde para Jonathan Valenzuela (15) – ex alumno del establecimiento que se quitó la vida tras sufrir bullying– y para el colegio en general. La directora del Liceo, Judith Carrillo, asegura que al menos desde marzo de este año se habría enviado un informe al Ministerio de Educación que daba cuenta de la crítica convivencia escolar que existía en la institución” (2).
El informe que llegó tarde:
“Según la directora del Liceo, en el informe enviado al Ministro de Educación se habrían detallado las situaciones graves del colegio y denunciado “la falta de apoyo de las autoridades locales”. Algo que el ministro Lavín obvió en sus declaraciones por el suicidio de Jonathan, cuando solo dijo que hacía un “llamado de atención” al equipo directivo del liceo por los casos de bullying (3).
(…) Según, Judith Carrillo, en este informe enviado al Ministro de Educación, se habría detallado las situaciones graves del colegio y denunciado “la falta de apoyo de las autoridades locales con su labor de directora de uno de los liceos más vulnerables de Linares”. En rigor las eventuales medidas que se pudieran haber tomado no contribuyeron a evitar el suicidio de Jonathan” (4).
Nadie asume su responsabilidad:
Una lectura de los hechos dice lo siguiente. En primer lugar, el mencionado liceo traía consigo una larga historia de conflictos disciplinarios internos. En segundo lugar, la directora Judith Carrillo, había puesto en antecedentes a las autoridades locales y al propio Ministerio de Educación de los hechos de violencia e indisciplina que se suscitan en su interior. Tercero, ni las autoridades locales ni las autoridades ministeriales tomaron debida nota de esas denuncias. Y mucho menos arbitraron las medidas pertinentes para solucionar esa situación en el Liceo Politécnico de Linares. Y cuarto, una vez acaecido el incidente que costó la vida de un estudiante, las autoridades educacionales correspondientes tanto locales como centrales, omitieron el informe e implementaron una suerte de política de amedrentamiento contra la directora del Liceo (5).
La situación producida en el Liceo Politécnico de Linares no es un hecho nuevo. Es una situación en extremo recurrente en los colegios periféricos. La directora del Liceo acusa la falta de apoyo de autoridades locales, el ex Director Educacional de Linares, Víctor González (2009-2010) (que hoy está a cargo de la Jefatura Provincial de Educación Santiago Centro, Seremi Metropolitana), critica la falta de liderazgo histórico de Judith Carrillo, y sin ir más lejos, la semana pasada el Ministro de Educación, Joaquín Lavín (a posteriori) , dijo que hacía un “llamado de atención” al equipo directivo del Liceo Politécnico de Linares, por los casos de bullying (6). Pero nada revierte la situación que llevó al suicido a un joven de quince años.
En la actualidad, los colegios “no emblemáticos” ni los calificados como “de excelencia” viven una situación muy parecida a la del Liceo Politécnico. La incalificable administración de los alcaldes del sistema educacional municipalizado, la política de gobierno de eliminar la educación pública para reemplazarla por un sistema privado construido sobre un criterio económico, la permanente reducción presupuestaria, la constante política impulsada por el ministro Lavín de demonizar a los profesores y maestros, responsabilizándolos de cuanto error, de cuanta deficiencia se produce en el sistema. Llegando, incluso, a acusar a los profesores de ser los responsables de la calidad de la educación. Y últimamente, responsabilizando al profesorado de la violencia intra escolar.
Con esto, el ministro, da muestras de un desconociendo profundo de las verdaderas causas que originan la violencia escolar, la violencia al interior de las familias, de la violencia al interior de la sociedad chilena. Un desconocimiento grave para una persona que ostenta el cargo de ministro de educación de un país que pretende decirse desarrollado. Si esto no es así, entonces estamos frente a una situación mucho más grave. De verdad que muy grave.
Y para terminar, a la hora de responder a la pregunta de quién se hace cargo de la muerte de un joven de 15 años, de la crisis del sistema de educación municipalizado, y las crisis de los colegios de provincia como el Liceo Politécnico, pueden deducirse  múltiples respuestas, pero ninguna de ellas responde porqué el Ministerio de Educación, porqué el ministro Lavín no actuó ante de que se produjera la situación de todos conocida. ¿A quién beneficiaba la permanencia de un estado de crisis en el colegio? ¿A quién convenía que la crisis se declarara? ¿Quién responde ante los familiares de ese joven? ¿Por qué el ministerio y las autoridades locales continúan en un estado de permanente agresión en contra de la directora del establecimiento? Sólo son preguntas que la ciudadanía requiere de una respuesta. Y como siempre, las respuestas quedan como tareas para la casa.

III.- A MANERA DE CONCLUSIÓN

3.1.- Contexto

A lo largo de este artículo hemos querido mostrar las intenciones, los propósitos que, a manera de Letra Chica, subyacen tras el accionar público del ministro de educación. Hemos visualizados sus evidentes limitaciones políticas, sus denodados esfuerzos por alzarse como una alternativa de poder, una alternativa presidenciable al interior de la Unión Demócrata Independiente (UDI). Con la salvedad que no es el único que corre por ese carril. Hay otro contendor (Pablo Longueira) que afana tras el mismo objetivo: la presidencia del país. Son dos nombres, son dos estilos, dos capacidades muy distintas que encarnan un mismo proyecto (la instalación definitiva del modelo neoliberal), pero con connotaciones valóricas muy disímiles.

Punto por punto, Lavín no está en condiciones de competir con su opositor. Las condiciones políticas y las cualidades de líder de Longueira superan largamente a las del actual ministro de Educación. Al César lo que es del César… Sin embargo, Lavín cuenta con un respaldo, un apoyo incondicional y económicamente muy poderoso que puede desequilibrar esa contradicción a su favor: el Opus Dei. Como es de público conocimiento, esta es una secta fundamentalista, ultra conservadora que medra a expensas de la Iglesia Católica y que tiene “por misión” una obsesiva fijación por el poder. Y ahora más que nunca (incluso, sería el primer caso a nivel mundial) tiene la posibilidad de poner a uno de sus miembros, nada más y nada menos que a la cabeza del Estado, es una movida que no está dispuesto a perder.

Pero no nos llamemos a equivocaciones. Las diferencias (sin mencionar las de índole política) no son, no constituyen una contradicción insalvable. Ambos son propulsores de un mismo proyecto (neoliberalismo), ambos se caracterizan por su defensa a ultranza de la propiedad privada (en todos los niveles del Estado y la sociedad). Ambos son representativos de los intereses del mundo empresarial y aliados incondicionales del capitalismo financiero internacional. Dos candidatos y un mismo proyecto, no más.

Con todo, ¿dónde está la diferencia entre uno y otro? ¿Qué hace que Lavín sea diferente a Longueira o viceversa? Lo hemos dicho, la diferencia la hace la presencia del Opus Dei detrás del ministro de educación. La diferencia radica en la visión de mundo, en una concepción retrógrada de sociedad y del hombre que propugna esta secta.  Esa es la única diferencia entre uno y otro.  En todo caso, cualquiera de los dos implica más de lo mismo. Es decir, la mantención de un modelo social y económico en crisis y un estilo de hacer política que suscita un profundo rechazo e indignación en la ciudadanía, con un horizonte en el cual se acrecentarán las diferencias sociales y se ahondarán (aún más) la brecha entre ricos y pobres. Y donde se entregarán al capital internacional las pocas riquezas (recursos) naturales que el país aún dispone. ¿Cuál es el afán de vender, de entregar los pocos recursos naturales que posee el país a la voracidad de las empresas extranjeras?


3.2.- El modelo de una Misión

En los apartados anteriores hemos visto y analizado el modus operandi de la estrategia comunicacional que se ha montado en torno al ministro Lavín. Esta no es demasiado compleja. En primer término, se describe el escenario donde se implementará la estrategia: la educación. Y simultáneamente, se ubica y se identifica un enemigo a quién combatir: los profesores. En segundo término, se localiza un intermediario (para dar una imagen de objetividad) —en este punto la participación de los medios de comunicación es vital— que realiza una denuncia (reportaje de la TV mediante) de algún establecimiento educacional en estado de crisis. Esta puede ser a raíz de alguna situación de violencia (el bulling ha sido la excusa más recurrente) o la burda manipulación de los resultados de las pruebas SIMCE (que se han aplicado con un clara y evidente finalidad mediática).

Establecido el escenario y localizado el (o los) enemigo (s) viene la tercera etapa. Esta consiste en la directa intervención del ministro que se “desmonta” en el problema enarbolando acusaciones y sugiriendo absurdas y oscuras soluciones, etc. Todo esto en medio del revuelo de las cámaras de la televisión (los primeros planos son los elegidos) y de los micrófonos de la radioemisoras locales. Y sus argumentos siempre los mismos. Aquí no hay novedad alguna.

En esta etapa, el ministro desvela su intención, hace manifiestos sus propósitos: Yo tengo que cumplir una misión. Y desencadena toda una elaborada estrategia político/religiosa: la satanización del enemigo. Pero no hay nada nuevo bajo el sol. Esta es una táctica tan vieja como el hilo negro, se practicó intensamente en las largas purgas medievales (cacerías de brujas) en contra los “enemigos de la Iglesia”; fue practicada durante largas décadas por la Santa Inquisición, ambas acciones promovidas por la Iglesia Católica. Y, sin necesidad de remontarse tan lejos, fue un procedimiento profusamente utilizado por el nacionalsocialismo (nazis) durante el Tercer Reich. Y más recientemente, empleada por todos los regímenes militares en América Latina ¿o es que ya nadie se acuerda de la forma que tenía la represión en Chile? El procedimiento (la técnica) es el mismo, las condiciones objetivas talvez sean diferentes (los tiempos son distintos), se han “civilizados”, pero los objetivos y las consecuencias son las mismas. ¿Nos estamos entendiendo?

3.3.-  Un análisis de caso: La Funa de los estudiantes de la UTEM al ministro de Educación (7)

El 24 de Mayo, el Canal Nacional de Televisión (TVN), en su programa “Esto no tiene nombre”, bajo la conducción de la periodista Mónica Pérez, emitió un reportaje en que se pretendía denunciar irregularidades que (presuntamente) se cometían al interior de la UTEM. Al mismo tiempo, dar a conocer las deterioradas condiciones de infraestructura en que se encontraba la universidad. Para tal efecto, el programa utilizó el testimonio de dos ex docentes (académicamente cuestionados), de un profesor en ejercicio y dos ex alumnos.  En el transcurso del programa se mostraron imágenes de baños sucios, de una sala de clases que se goteaba en días de lluvia, etc. ¿Cuál era el verdadero propósito del programa, teniendo como antecedente que éste se transmitió dos días antes de que el ministro Lavín anunciara los 12 puntos que contienen su propuesta de reforma a la educación superior? (8).

Demás está decir que el contenido del programa conmocionó a toda la comunidad universitaria y tuvo efectos similares en vastos sectores de la sociedad.  Según un análisis realizado por académicos de la Escuela de Diseño de la universidad, el programa “(…) aparece técnicamente como un mediocre montaje orientado, específicamente, a un asesinato de imagen”, como se le denomina en el terreno de la comunicación social. 

En la práctica, el programa trató de generar en el televidente efectos emocionales. “(…) Las escenas en blanco y negro, la utilización orientada de la cámara hacia espacios depresivos; el logo de la UTEM entrampado en papeles arrugados y rotos y cerca de basuras; demuestra su evidente búsqueda de sensacionalismo (…)”. El programa tuvo actores centrales dirigidos a señalar con tajantes afirmaciones su verdadero sentido y objetivo, y cuya figura, como broche de oro, la ocupó el ministro, Joaquín Lavín Infante. Sus afirmaciones sobre esta universidad, en el sentido de que, dado los antecedentes expuestos, “(…) haré todo lo posible para que no se vuelva a acreditar”. ¡Estos fueron los hechos! ¡Y este es el modelo en plena aplicación!

¿Conocía el ministro Lavín la realidad interna de esa universidad?

Por supuesto que la conocía. No fue elegida por casualidad. Se trata de un establecimiento de educación superior perteneciente al Consejo de Rectores de las Universidades. Si este dato no fuera suficiente, desde el punto de vista social, los estudiantes de esa universidad provienen de los dos quintiles de más bajos ingresos (…), o sea son los hijos de los trabajadores de este país. Para nadie es un misterio que las condiciones de estas universidades no son ideales. Tampoco, el hecho que sus  estudiantes sufran la marginación y la falta de condiciones mínimas para estudiar. O bien, que muchos de ellos deban trabajar para atender sus necesidades de materiales de estudio. No obstante ello, la mayoría obtuvieron buenos puntajes en la Prueba de Selección Universitaria. “La casi totalidad de ellos, ingresan con sobre los 600 puntos en la PSU. Desde el punto de vista de su desempeño académico, demuestran inteligencia para reflexionar y resuelven correctamente complejos problemas que se debaten en el plano de las ciencias exactas y sociales (…). Permanentemente los profesores descubrimos talentos extraordinarios.  En el aula,  nos encontramos a diario con jóvenes con grandes potencialidades, inteligentes, con gran capacidad de abstracción, que nos exigen y obligan a preparar detenidamente nuestras clases”. 

La otra cara de la moneda: la llamada Cota Mil

Por supuesto que los estudiantes de la UTEM no pertenecen a la categoría de estudiantes de universidades de la “Cota Mil de la cordillera santiaguina”, como el jesuita Felipe Berríos, calificó a las universidades privadas en su artículo “Extranjeros en su país” (9), para referirse a aquellas universidades emplazadas en la precordillera (son tres las que quedan por esos lados: Universidad del Desarrollo, Universidad de los Andes y Universidad Adolfo Ibáñez) “(…) que parecen ser postales de otro país, entregando profesionales incapaces de ver la realidad bajo esa cota social”.

Este sacerdote, en el artículo ya mencionado, escribe: “Entrar en esa universidad era como entrar en otro mundo. No había jóvenes gritando, ni gas lacrimógeno, ni agua, ni carabineros, ni menos pancartas.  Sólo un silencio de cementerios que un amable señor que me esperaba interrumpió para conducirme a lugar de la reunión.  Mientras caminábamos, a través de los ventanales, se veían grupos dispersos de estudiantes que alegremente conversaban en unos  cuidados jardines.  Me sentía extranjero en mi propio país”.

Y más adelante continúa: ”Me pregunté: ¿qué visión del país tendrá el profesional que salga de esa universidad? ¿Qué vida universitaria tendrá quien tal vez estudió en un colegio de la zona, donde probablemente quede también su casa y entra en esa universidad? ¿Bastará mirar la ciudad desde lo alto y luego enterarse de lo sucedido por las noticias? ¿Será ese el lugar más adecuado para que se forme un universitario?”.

En el transcurso de estas últimas semanas, los jóvenes que han participado tan activamente por la defensa de la educación pública, por el financiamiento a las universidades estatales, por el respeto al medio ambiente son concientes del mundo que les rodea, les molesta lo que está mal, se oponen tenazmente a la injusticia, a la inconsecuencia, a la mentira y a la hipocresía.  “¿Como evitar que los estudiantes de los colegios municipalizados y de las universidades estatales se movilicen si son ellos, que junto a sus padres, los que viven a diario la exclusión y la injusticia?  ¿Cómo excluirse de las acciones sociales si son ellos los que en su mayoría son los que provienen de los sectores de más bajos ingresos?”.

De ahí resulta que la movilización de los estudiantes posea también un enorme sentido social y de cambio. “Ellos quieren participar, quieren estudiar, quieren avanzar, quieren servir a la sociedad, quieren ser solidarios, y también quieren que existan mejores condiciones para el país.  Para las familias que controlan los medios de comunicación y los empresarios  dueños de las universidades privadas nada existe más subversivo que leer y pensar. Promueven al unísono con la prensa, la farandulización de la sociedad.  Mucha razón tiene Castells cuando sostiene “que torturar un cuerpo es mucho menos eficaz que modelar el espíritu”.

La verdadera misión del ministro de Educación

El objetivo central de la política del ministerio de Educación no es otro que la total y absoluta privatización de la Enseñanza Superior. Dicho de otra manera, el propósito del actual gobierno es “(…) asesinar a las universidades estatales, no por decreto, sino, por un proceso de “muerte natural”, o sea, que queden sin “clientes”, según la jerga mercantilista”.  Una pregunta tonta, ¿y que pasa con lo académico? Eso no tiene importancia, es peccata minuta.  “Lo que importa es ganar dinero. La educación es un negocio, y por lo tanto, sometida a las leyes del mercado”.

Y cuando el ministro Lavín dice,  en los medios de comunicación, que ellos (el gobierno) están trabajando por la educación es cierto tan trabajando por la educación. Lo que no dicen es que están trabajando para privatizar todo el sistema educacional chileno, que están trabajando por entregar la educación a la propiedad privada, que están abriendo el camino a la mercantilización, al lucro en la educación, que están pasando a llevar un derecho constitucional, el derecho de los habitantes de este país a recibir una  educación gratuita, de calidad integral, igualdad de oportunidades e integración/inclusión social. Elementos insustituibles de una Educación Pública, lo mismo que su gratuidad y responsabilidad del Estado como garante de este derecho. Y en esto no hay segundas lecturas.

En el momento presente, los padres debieran saber y conocer los basamentos definitorios de los lugares donde se formarán sus hijos.  “El ministerio debiera (si ese fuera su propósito) usar y difundir los criterios académicos y no de mercado. No lo hacen. Ocultan, esconden y manipulan los criterios académicos y solo difunden y sobredimensionan los criterios de mercado”. 

Una pregunta: ¿Qué porcentaje del total de la investigación que se realiza en el país pertenece a las universidades privadas?

El economista Manuel Riesco, hace referencia a este tema en un artículo reciente.  En el señala que en una investigación efectuada por el Centro de Investigación de la Estructura Social de la Universidad de Chile (CIES) y el Foro Aequalis, “(…) Se constata que prácticamente en el total de la investigaciones que se realizan en nuestro país, por ser relevantes, se han publicado en revistas indexadas de prestigio internacional. Donde prácticamente, las llamadas universidades privadas, no tienen participación.  Señala además que, la mayoría de los académicos con grado de doctor y con jornada completa, se concentran en las universidades que pertenecen al Consejo de Rectores de Universidades Chilenas, lugar en donde no se encuentran las universidades privadas” (10).

Las razones ocultas de la Misión del ministro de educación

Al parecer son dos las razones que motivan que el ministro Lavín Infante se empecine en aplicar la “reforma” de la educación chilena, y en especial de la educación superior. En primer lugar, razones estrictamente económicas.  “Son muchos los millones de dólares que “se tranzan” en el negocio de la educación superior.  Los empresarios presionan al gobierno para agilizar la reforma para aumentar rápidamente sus utilidades. El ministro Lavín Infante es uno de ellos.  Se requiere urgente la reforma para acceder a los aportes fiscales directos”. 

En segundo lugar, un reciente informe de la OCDE, reveló que Chile tiene uno de los más altos costos de educación superior del mundo.  “Un ejemplo del retorno que se puede obtener son los números de Laureate, que también es propietaria de la Universidad Andrés Bello y el AIEP. En el año 2006, los ingresos por sus operaciones en Chile sumaban 17,3 millones de dólares. Al año siguiente, superaron los 19,5 millones de dólares”.

Cuando Apollo Group compró la UNIACC, valoró en 14,6 millones de dólares la marca y la relación con los estudiantes, lo que equivale al 33 por ciento de los 44,5 millones de dólares que pagó.  “Los empresarios saben que la educación superior ha probado ser un mercado anticrisis en el mundo.  Por ejemplo, en México y España, dos de los más afectados por la crisis, las soluciones para los programas de postgrado aumentaron entre un 30 y 58 por ciento.  Saben que la educación superior es un tipo de demanda que invita mucho a las universidades empresas.  Se debe tener claro que el negocio de las universidades para los empresarios chilenos significa un movimiento de 3.300 millones de dólares al año. Y eso, que la ley, según la LOCE, las Universidades privadas no tienen fines de lucro, cuestión que ningún gobierno ha hecho cumplir, con mayor razón aún en el actual gobierno de los empresarios”.

Cuando los fondos de inversiones Laureate y Apollo informaron sobre su incursión en el mercado chileno, sostiene el diario El Mercurio de Santiago del 17 de mayo del 2009, se apoyaron en el hecho de la estabilidad política en el país como uno de los factores más favorables. “Apollo Global está comprometida a capitalizar el tremendo potencial que existe en la educación, y dado que es conocido por un escenario económicamente estable, sólidas cifras de matrícula y apertura a la inversión financiera, Chile es un excelente lugar para empezar”, sostuvo uno de los gerentes de la empresa.  

Por último, a lo largo de este artículo hemos analizado los mecanismos, las técnica utilizadas por el gobierno e implementadas (en el campo educacional) por el ministro de educación. Hemos indicado las motivaciones político/religiosas que condicionan su actuar político. Asimismo, hemos señalado tanto sus propósitos y aspiraciones personales como aquellas que le señalan como decidido defensor de la privatización, un defensor a ultranza del neoliberalismo, un partidario incondicional de vender (a como de lugar) todas aquellas riquezas básicas que pertenecen a todos los chileno. Cuando estuvo al frente de la alcaldía de Santiago no encontró nada mejor que vender los derechos de aguas, que pertenecían a la municipalidad y que le permitía regar parques, jardines y calles sin costo para la entidad. La excusa fue (y otros personeros de gobierno también hoy la están utilizando) que la venta era necesaria para asumir la deuda de arrastre que tenía el municipio, y para tener recursos para invertir en proyectos más rentables (sic). Consecuencia: el municipio, los habitantes de Santiago perdieron un bien apreciable y más encima quedaron con una de las deudas más grandes dejada por alcalde alguno. El personaje no responde a intereses políticos, responde a intereses económicos. El personaje no responde ante la ciudadanía, ante el país, él solo responde frente a los designios de una secta obnubilada por llegar al poder. Por alcanzar el poder político. ¡Yo tengo que cumplir una misión!
Ahora sí es posible comprender el real sentido de la frase del ministro.
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NOTAS:
(El material utilizado en el punto II (Una verdad… y sus trágicas consecuencias) y en las Notas, fue tomado del artículo: “Lavín habría sido alertado de crisis en colegio donde menor se suicidó por bullying”, publicado en El Mostrador. País. Martes, 07 de Junio de 2011. Artículo disponible en: http://elmo.st/mG7g7k).
(1).- Joaquín Lavín y un problema del Opus Dei  (Escribe Patricio Herman). “(…) Mientras Joaquín Lavín ejercía como alcalde de Las Condes se publicó el Plan Regulador Comunal que dio origen a la “zona de conservación histórica” situada en la avenida Presidente Errázuriz. Entre los años 1999 y 2000 la Prelatura del Opus Dei adquirió 2 propiedades localizadas en esa zona, a sabiendas que ellas no se podían demoler”.
(2).- Una realidad. “(…) Con más de 1.700 alumnos y un 81 por ciento en índice de vulnerabilidad el Liceo Politécnico Ireneo Badilla ha albergado dentro y fuera de sus aulas diferentes niveles violencia. Los alumnos de cuarto medio que amenazaron con un cuchillo a Jonathan —uno de los hechos que habría impulsado su decisión—, no son los únicos protagonistas de hechos de agresividad vinculados al colegio. En el contexto de una protesta en marzo de 2011 “(…) los alumnos dañaron bienes y se produjeron ataques hacia los estudiantes  y docentes”, afirma Judith, quien lleva más de 24 años trabajando en la escuela.
(3).- “Hubo ocasiones en que la institución quedó acéfala en dirección”, afirma la directora Judith Carrillo, quien agrega que, desde hace unos meses les redujeron el equipo directivo de inspectoría general, “ya que el alcalde finiquitó sus contratos de trabajo, contando con muy poco personal para resguardar debidamente a nuestros alumnos”, asegura la directora. Esta información se complementa con la denuncia de los medios la semana pasada que daba cuenta de que existía sólo una inspectora y algunos paradocentes que ayudaban a controlar hechos violentos que se produjeran en una población estudiantil mayor a 1.700.
 (4).- El estigma de la vulnerabilidad. El Liceo Politécnico Ireneo Badilla es una institución conocida en Linares por educar a muchos niños —al igual que Jonathan— de zonas rurales. Está ubicada más bien en una zona periférica en relación al centro de la ciudad. Para Carlos Bustos, profesor de la USACH que ha trabajado más de 15 años en escuelas vulnerables, dice: “(…) en los colegios en esta categoría no existen equipos eficientes de trabajos que ayuden a mejorar las situaciones complejas que enfrentan los alumnos y profesores. Todo se torna más difícil cuando las familias no han recibido educación”.
“En general los alumnos que van a estos colegios apuntan altos índices de pobreza y bajo nivel de cultura”, dice el profesor y acusa que: “muchos de estos colegios se han convertido en verdaderos ‘guardadores’ de alumnos, donde no existen gestiones efectivas para ayudar a los niños a aprender de manera integrada con la comunidad escolar”.
Para el experto, las relaciones que se han dado a nivel educacional en instituciones que cuentan con un alumnado mayoritariamente en riesgo social, “son meramente burocráticas” y afirma que “con la presencia de un orientador o un psicólogo que trabaje sólo con los niños o con los profesores, no se van a resolver los problemas de fondo de estas escuelas”. Para Carlos Bustos “se está tratando el problema de forma superficial al tomar sólo medidas básicas”.
(5).- Según la directora del Liceo, en el informe enviado al Ministro de Educación se habrían detallado las situaciones graves del colegio y denunciado “la falta de apoyo de las autoridades locales”. Algo que el ministro Lavín obvió en sus declaraciones por el suicidio de Jonathan, cuando dijo que hacía un “llamado de atención” al equipo directivo del liceo por los casos de bullying.
 (6).- Al preguntarle a Víctor González si es que había alertado en la Región Metropolitana —una vez que llegó en 2010 al cargo de la zona Santiago Centro— a alguna autoridad superior de educación sobre la compleja problemática que observó en el Liceo Politécnico de Linares, dice que: “(…) no di cuenta de la situación porque yo me vine a otro cargo”. Así, según cuenta la directora del establecimiento, “sólo fue a fines de marzo de este año que se envió el informe que contenía la descripción de la situación compleja que vivía el colegio”.
Según Carrillo, en este informe enviado al Ministro de Educación, se habría detallado las situaciones graves del colegio y denunciado “(…) la falta de apoyo de las autoridades locales con su labor de directora de uno de los liceos más vulnerables de Linares”. En rigor las eventuales medidas que se pudieran haber tomado no contribuyeron a evitar el suicidio de Jonathan.
 (7).- Una definición. “El término o acción de  Funar  se define como la participación de un conglomerado social en la ejecución de “un acto público de agravio y denuncia, contra una persona o entidad que ha cometido una mala acción o un crimen y que, comúnmente, se realiza frente a su domicilio o sede”.  De ahí que la Funa es considerada en la ciencia política como una acción social, componente de una movilización más amplia, o sea, parte integrante del movimiento social.  Como es sabido, todo movimiento social es resultado de un conflicto no resuelto en la sociedad y que por su naturaleza, es esencialmente político, desde el momento que su accionar se dirige a generar un cambio en la institucionalidad vigente.  Como categoría socio-política, los movimientos sociales constituyen el medio racional y creativo empleado por aquellos que se encuentran fuera del poder para presionar por la aplicación de justicia y negociar con los que gobiernan.

(8).- Este punto se ha estructurado sobre la base del artículo Los estudiantes frente al gobierno de la “Cota Mil”,  César Cerda Albarracín.

(9).-  Berríos, Felipe: “Extranjero en su país”. Revista “Sábado”,  “El Mercurio”, Chile, (Enero de 2009).
(10).- Riesco, Manuel: Educación Superior ¿Quién paga la cuenta? Artículo escrito para Revista Pastoral Popular, número de marzo 2011, CEDEM,  Santiago, Chile.

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